Lifestyle

Guillermo de Baskerville investigaba crímenes en el scriptorium de una abadía. Yo prefiero chuparme los dedos en el obrador de un convento. Alcanzar el cielo gastronómico engullendo pellizcos de monja, mazapanes y orejas de fraile. Y todo sin tener que colgar los hábitos de la escritura. ¡Que una ya es mayor para colar como novicia! Lo consigo en El jardín del convento, una tienda deliciosamente atrezada con antiguos mostradores y velas perfumadas que huele y sabe a gloria.

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